Prácticas extrañas








Criogenización

Introducción a la criogenización.
La criogenización es el objeto de  la ciencia criónica.  El origen de esta palabra hay que buscarlo en el griego kryos cuyo significado es frío. La criogenización es un método por el cual se somete a una persona  ( o  animal ) a condiciones de frío intenso con el objetivo de preservar su cuerpo en condiciones para ser reanimado en el futuro. El término correcto para este proceso es criopreservar.


¿Por qué querríamos ser criopreservados?

Confiamos en que la ciencia siga avanzando y encuentre cura para muchas de las enfermedades que hoy día son terminales. Esperamos que en un futuro no muy lejano se puedan regenerar células y tejidos que hoy día son irreparables. Independientemente de todas las implicaciones éticas y legales, si existiese la posibilidad de mantenernos en un estado en el que engañasemos al tiempo hasta que las condiciones para la cura estuviesen presentes, ¿ no lo haríamos ?
Presente de la criogenización
Actualmente la criogenización no es un proceso reversible y sólo se puede aplicar a personas a las que se las haya declarado legalmente muertas (muerte clínica). Hasta el momento no se ha conseguido reparar los daños que se producen a nivel molecular en los tejidos producidos por el proceso de la congelación y la isquemia. Lananorreparación, o reparación a nivel molecular, está supeditada al avance de la nanotecnología y la nanomedicina y podemos estar hablando de décadas o siglos vista.
Alcor Life Extension Foundation
Criogenizacion
Esto es una de las principales razones por las que la comunidad científica mire con recelo la criogenización. La medicina avanza, las enfermedades y epidemias que hace siglos segaban la población ahora son anécdotas. ¿ Qué diferencia habría en pensar en el siglo XIX que se podrían hacer transplantes de corazón a pensar  hoy que en el siglo XXII podremos regenerar médula ?


Reanimación.

Los cientificos de la criogenización coinciden en que la reanimación de los cuerpos criogenizados no va a ser posible a corto-medio plazo. Confían en que con el avance de lananotecnologia, bioingeniaría avanzada y la nanomedicina se puedan reparar los daños producidos por la isquemia, por la toxicidad de los crioprotectores, por lacongelación de los tejidos que no hayan vitrificado en condiciones. Confían en una tecnología y medicina que repare a nivel molecular incluso antes de la recuperación térmica.
En otro nivel de teorías también se habla de la transferencia mental que sería el escaneo de los contenidos de la memoria de un cerebro criopreservado. El avance entonces de estas materias sera lo que en última instancia permitirá que los organismos sean reanimados y más importante que los contenidos de la memoria y la identidad también queden preservadas. En definitiva, la amnesia puede ser el factor relevante para confirmar el éxito de la criogenización.

Isquemia

En todo lo relacionado con la criogenia hay que dejar muchos explicaciones en el aire confiando en que en el futuro habrá soluciones. Los detractores de la criogenizaciónargumentan que las personas que se sometan a este proceso deben de estar declarados legalmente muertos. Recordemos que los científicos pro criogenización defienden que muchos de los daños en los tejidos pueden minimizarse y evitarse por la acción de los crioprotectores. Si los tejidos y órganos están muertos los crioprotectores no van a llegar a la mayoría de las células, por lo que se puede decir que si van a sufrir daños.  Loscientíficos pro criogenización han demostrado empíricamente  que si el proceso de criopreservación comienza inmediatamente después de que se haya declarado la muerte legal, los órganos individuales permanecen biológicamente vivos, y la vitrificación ( con especial atención al cerebro) es posible. Le aplican la misma lógica que al mantenimiento de los órganos en operaciones de transplante.
Hasta que no se declare la muerte legal ( paro cardíaco ) no se puede empezar el proceso dela criogenización. Es cuando el corazón deja de funcionar y no hay riego sanguíneo cuando se producen la isquemia. Cuando no llegan oxígeno y nutrientes los tejidos empiezan a deteriorarse. Cuando se reanima un organismo que está en una fase isquémica puede ocurrir el proceso opuesto, la reperfusión, y causarse incluso más daños al restablecerse el aporte de oxígeno.
El equilibrio entre la isquemia y la reperfusión es una de las claves para que el proceso de criogenización tenga éxito y esto se consigue actuando sobre el organismo lo más pronto posible después de la declaración de la muerte. Si un paciente se pudiese someter voluntariamente a la criogenización en el momento en el que decidiese, muchos de estos problemas no afectarían, pero hay limitaciones éticas y legales.

Daños debidos a la formación de hielo

En el proceso de congelación se crean cristales de hielo que producen daños en las estructuras celulares de tal severidad que parece imposible pensar en reparaciones futuras de las estructuras dañadas. Los científIcos pro criogenización defienden que la prevención del cuerpo mediante crioprotectores químicos como el glicerol es suficiente.
Los experimentos quieren demostrar que la circulación de grandes concentraciones de crioprotectores por el cerebro antes del enfriamiento puede prevenir la mayoría de las lesiones producidas por la congelación, preservando las delicadas estructuras celulares del cerebro en las que presumiblemente residen la memoria y la identidad.
Desde el año 2000 han habido grandes avances en materia de crioprotectores y vitrificación. La vitrificación es un proceso menos agresivo por el cual los tejidos se vitrifican en lugar de congelarse. La diferencia entre esto dos estados está en cómo se reconfiguran las moléculas no produciéndose cristales en el proceso de enfriamiento y organizándose como un líquido “en estado sólido” mientras la temperatura cae por debajo de la temperatura de transición vítrea.
Ya han habido experimentos de vitrificación de cerebros y se ha demostrado que no se han producido daños en los tejidos debidos a cristales al recuperarlos térmicamente. De todas formas no es un proceso totalmente controlado y sí puede ocurrir que en ciertas etapas del proceso de enfriamiento y recuperación se produjesen cristales. Los crionicistas quieren salvar este obstáculo aumentando la cantidad de crioprotectores. Pero estos, en concentraciones tan elevadas son tóxicos por lo que no se ha conseguido aún recuperar un cerebro. Como hemos comentado varias veces, los crionicistas argumentan que en un futuro la ciencia sí podrá contrarestar los efectos de la toxicidad.

Pilares de la criogenización

Los crionicistas se apoyan en dos premisas que a día de hoy son imposibles de demostrar:
  • La medicina del futuro será capaz de reanimar los organismos crionizados.
  • La personalidad, identidad y esencia de una persona se almacena en estructuras cerebrales susceptibles de ser criopreservadas.
Medicina y futuro
Actualmente el proceso de criogenización tiene muchos problemas. Algunos son consecuencia de límites legales, por ejemplo el determinar cuándo una persona está muerta legalmente. La criopreservación es más eficaz cuanto antes se empiece a actuar. Un sujeto no puede decidir ser criogenizado en un estado en el que su organismo sufra el mínimo deterioro y tiene que esperar hasta que sea reconocida su muerte clínica, lo que acarrea otros problemas médicos que aún no tienen solución, como la isquemia y laformación de cristales. Otros problemas científicos son la toxicidad de los criopreservadores, que son químicos que mantienen los tejidos y órganos.
Los problemas médicos no tienen respuesta. Se espera que en un futuro la ciencia esté tan evolucionada que el regenerar tejidos dañados no sea ninguna limitación. Y se ponen todas las expectativas en la nanomedicina.

Personalidad e identidad

¿Cuál será el factor clave para que el proceso de criogenización y reanimación sea exitoso? Fundamentalmente que el sujeto criogenizado se reconozca como él mismo al ser resucitado. La memoria, que determina en la mayor proporción qué y quiénes somos debe permanecer intacta. No tiene sentido reanimar un cuerpo amnésico. Preservar las estructuras cerebrales que contienen está información es el objetivo último de la criogenización. Si en el futuro es posible regenerar órganos e incluso organismos enteros, la prioridad es criopreservar el cerebro: neurocriogenización.
Pero otra vez hay que confiar en que la medicina del futuro tenga soluciones.
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La vida en Stand by

Hasta ahora quienes confiaban en la criogenización como una alternativa a la muerte sabían que cualquier daño que se produjera en sus venas y arterias durante este proceso imposibilitaría “regresar” a la vida. Sin embargo, la nanotecnología está a punto de remediar ese problema y de dejar libre el camino hacia la inmortalidad.
Para algunos, los avances en el campo de las terapias regenerativas permitirán alargar la vida unos cuantos años más, pero para otros simbolizan la última barrera que obstaculiza el paso hacia la ansiada inmortalidad. Este es el caso de los defensores de la criogenización, que afirman que el frío puede conservar en perfecto estado y por tiempo indefinido las células humanas. Y así permanecerá el cuerpo hasta el momento en el que sus cuidadores decidan “despertarlo”, cuando la ciencia haya avanzado lo suficiente para asegurar la vida eterna o para permitir curar la enfermedad que padecía antes de ser criogenizado.
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La muerte, una enfermedad incurable
La hipótesis de la criogenización surgió en la década de los sesenta del pasado siglo. Fue la doctora Constance M. Ettinger, profesora de Física en el Highland Park College de Detroit (EE.UU.), quien la propugnó y la desarrolló en su libro Perspectiva de la inmortalidad. “La muerte, de momento, debe considerarse una enfermedad incurable”, explicó. Y acto seguido anunció que un cuerpo podría permanecer sumergido a la temperatura de ebullición del nitrógeno líquido a la espera de que “la ciencia tenga armas para curar esa enfermedad sin tratamiento”. La idea despertó las ilusiones de miles de personas en todo el mundo, hasta el punto de que algunas de ellas crearon sociedades criogénicas para conseguir que sus gobiernos autorizaran la posibilidad de congelar los cuerpos, siguiendo la teoría de Ettinger. Uno de estos grupos se encuentra en España. Es la Sociedad Española de Criogenización (SEC) y fue constituida en 1998. Su presidente y fundador, el ingeniero Andrés Albarrán, dice que “ver lo que pasará después de muchos años me haría una gran ilusión”. Tanto él como el centenar largo de miembros con los que cuenta la SEC confían en la criogenización como la mejor alternativa para burlar a la muerte. “Imagínate que te entierran o te incineran. En esos casos, las posibilidades de regresar a la vida son cero. Si te criogenizan al final de todos los ceros que pongas siempre habrá un 1”, comenta con cierta lógica este ingeniero de 74 años. Y añade: “Soy católico, pero hay algo que me hace desconfiar de la religión cuando nos dice que vamos a resucitar. Han pasado miles y miles de años y aquí nadie ha vuelto para contarlo ni ha visto a Dios”. Mantener esta ilusión requiere una gran perseverancia, sobre todo en España, que no admite la congelación de cuerpos vivos o inertes y tampoco que se saque un cadáver del país a no ser que se encuentre embalsamado, “lo cual resulta incompatible con la criogenización”, explica Albarrán. ¿Qué alternativa queda entonces? Solo Estados Unidos. En este país existen tres sociedades criogénicas en las que sí se puede congelar y custodiar un cuerpo hasta el momento en el que se decida devolverlo a la vida. La más importante es la Fundación Alcor para la Extensión de la Vida, que fue creada en 1972 y cuya sede se encuentra en Arizona.
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La siguen Cryonics, enclavada en Michigan, y la californiana Transtime. Respecto a Alcor, a pesar de contar con una publicación propia –Cryonics– en la que se informa de los últimos avances criogénicos, es imposible acceder a sus documentos internos, puesto que su política garantiza el anonimato y la confidencialidad a todos sus clientes. Sin embargo, actualmente se calcula que mantiene en sus instalaciones unos cien cuerpos congelados y otros doscientos en lista de espera, mientras que Cryonics posee medio centenar. En ambos lugares no se habla de clientes, sino de pacientes criopreservados, debido a la ausencia de muerte cerebral. Y es que los requisitos para optar a esta técnica no son tan sencillos como puede pensarse. Una de las modalidades consiste en congelar un cuerpo que ya esté muerto con la ilusión de que algún día esa circunstancia sea reversible, pero lo ideal es que la criogenización se efectúe antes de que ese hecho se produzca. ¿Significa, entonces, que se puede congelar un cuerpo vivo? No exactamente, ya que si fuera así las leyes de Estados Unidos acusarían al paciente de suicida y al médico de cooperante al suicidio. La solución se encuentra en que un centro médico declare a la persona clínicamente muerta. En ese momento se inicia una carrera contrarreloj para trasladar el cuerpo al centro de criogenización antes de que se produzca la muerte biológica. Una vez allí, se reaniman las funciones de circulación y respiración para que los daños en el cerebro y en el organismo sean mínimos.
Por esta razón, explica Albarrán, “cuando empiece a enfermar pasaré largos períodos en Estados Unidos, cerca de un centro de criónica”.
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¿Cabeza o cuerpo?
El antiguo director de Alcor California es el estadounidense de origen hispano Carlos Mondragón. Parte de su trabajo consistía en informar a los potenciales clientes de los altos honorarios que se pagan anualmente. Existen muchas modalidades, que dependen de si el paciente quiere que se le congele todo el cuerpo o únicamente la cabeza.“Quienes escogen la segunda modalidad están convencidos de que su identidad, su memoria, lo que ellos son o representan, está en el cerebro”, explica Mondragón. Naturalmente, guardar una cabeza es más barato –aproximadamente 60.000 euros– que mantener todo el cuerpo (120.000 euros). Estas cantidades pueden costearse con un seguro que se paga mensualmente, más otra cantidad suplementaria anual. De la cantidad total resultante, Alcor utiliza un tanto por ciento para iniciar el proceso. Los intereses que produce el montante de esta suma son suficientes para cuidar del paciente durante un largo período de tiempo. El dinero sobrante se ingresa en una cuenta de ahorro especial y secreta que se entregará al hibernado cuando “regrese a la vida”. De este modo se le asegura que tendrá suficiente dinero para subsistir cuando se encuentre sin nada más. Estos honorarios no contemplan solo el coste del procedimiento, sino también la buena salvaguarda del cuerpo durante el tiempo estipulado. Algunos de los pacientes más famosos que ya se encuentran criogenizados son el escritor Dick Clair, ganador de tres premios Emma, y el psiquiatra Donovan, experto en Neurología. Otros no lo consiguieron. Por ejemplo, el matemático Thomas Donaldson, que quedó privado de este deseo por un error de su mujer.
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Y también hay otro grupo, formado por personajes ilustres como Charles de Gaulle, Maurice Chevalier o Walt Disney, a caballo entre la leyenda urbana y la realidad de su supuesta criogenización. La primera española en ser criogenizada fue Cristina Comos, hija de Eulalia Castillejo. En 1996 una dolencia cardiaca mal diagnosticada truncó su vida cuando tenía 21 años. Su madre, entonces directora de una cadena de hoteles, decidió transportar el cuerpo en un avión hasta Estados Unidos, algo que pudo hacer “gracias a que tenía residencia australiana”, comenta Andrés Albarrán. Después sería su abuela de 80 años –quien residía en este país– la siguiente en seguir sus pasos. “Tener criogenizada a mi hija me ha devuelto la vida”, explica con ilusión Eulalia Castillejo cada vez que se le pregunta por este episodio. Tanta es su esperanza en la criogenización que, junto a su marido, se han construido un chalet cercano al complejo de Alcor en Arizona para cumplir con el mismo trámite. “El día de la defunción en mi casa la gente iba y venía como en una boda. Hubo incluso quien me ofreció una tumba para Cristina. No recuerdo quién fue. Solo sé que estaba llena de rabia y que aquella oferta, que tanto daño me causó, me hizo reaccionar. Me dije a mí misma: `Yo encontraré un lugar para ti que no sea la tierra´”. Dicho y hecho.
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¿Es posible?
Por el momento, nadie se atreve a asegurar el éxito completo del procedimiento criogénico. Todo se basa en esperanzas, sueños e ilusiones. Las voces críticas no provienen únicamente de la sociedad, sino también de los sectores científicos. Una de estas personas es Manuel Tello, profesor de la Facultad de Ciencias de la Universidad del País Vasco y especialista en criogenia. Su posición es tajante: “La criogenización es la utopía de gente con cierto nivel económico a la que le cuesta creer que pueda morir”. El mayor problema reside en que la criogenización carece de base científica, lo que impide “afirmar o pensar de forma coherente que sus seguidores pueden resucitar”, comenta Tello. Lo cierto es que los defensores de la congelación tampoco se han mostrado nunca rotundos en cuanto a los exitosos resultados de la misma. El propio Carlos Mondragón lo reconoce. Sabe que no hay garantías y que “todo es mera especulación”. “Pero no estamos locos: es una especulación razonable”, añade. La diferencia que separa la postura de defensores y detractores se basa en que mientras los primeros creen que la ciencia podrá solventar los inconvenientes actuales, los segundos opinan que nada de eso sucederá. “Cuando congelamos un tejido con función vital-explica Tello– lo que hacemos es pararla. En la criogenización no se habla de un tejido que está muerto, sino de un tejido que tiene que recuperar la vida que tenía. Y, hoy por hoy, eso es imposible. Es casi pensar en la resurrección de la carne”. David Pegg, profesor de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), es de la misma opinión. “La resurrección humana es imposible”, dice. Otros, sin embargo, no piensan del mismo modo. Es el caso del criobiólogo Gregory Fahy, que afirma que hay una posibilidad de que “la estructura cerebral e incluso las funciones del cerebro se mantengan intactas al congelar este órgano y protegerlo con sustancias químicas como el glicerol”.
También en este punto Manuel Tello se muestra tajante: “Entonces el cerebro sería como un disco duro y hasta el momento, que se sepa, no hay nada inerte. Todo está vivo”. Pese a todo, los partidarios de la criogenización siguen manteniendo sus ilusiones. Y más desde que han comenzado a vislumbrar en la nanotecnología el camino para convertir en realidad lo que hoy es ciencia ficción.
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Nanotecnología: un nuevo horizonte
Por nanotecnología se entiende el estudio, la creación y la aplicación de materiales, aparatos y sistemas para el control de la materia en una escala de nanómetro, aproximadamente una mil millonésima de metro. Hasta el momento se han conseguido dispositivos extremadamente diminutos, pero con un gran poder de almacenamiento y rendimiento, susceptibles de ser aplicados a casi todos los ámbitos humanos. ¿Por qué es la nanotecnología relevante en la criogenización? Sencillamente, porque a través de ella se espera solventar uno de los grandes problemas que planteaba el proceso de “resucitación”. Cuando un cuerpo se congela entre los 0 grados y los 130 grados bajo cero, el agua del organismo forma cristales que pueden producir daños en las células y desgarrar tejidos tan importantes como las venas o las arterias. En la práctica, esto significa que al descongelar el cuerpo una vena rota por la acción de esos cristales dejaría escapar la sangre vital a través de una hemorragia interna, lo cual podría provocar una “segunda muerte”, ya irremediable. La nanotecnología podría subsanar este problema. Analistas tecnológicos y científicos esperan que para el año 2058 se fabriquen y se administren bajo receta médica unas pseudocélulas artificiales diminutas que tragadas, inhaladas o absorbidas a través de la piel viajen por el cuerpo hasta aquella parte en la que detecten una anomalía y la reparen. Serían una especie de robots casi invisibles que regenerarían órganos, arterias, nervios y cuanto elemento de nuestro cuerpo haya resultado dañado por cualquier circunstancia. Carlos Mondragón no oculta su ilusión por esta posibilidad y está convencido de que la nanotecnología podrá “reparar una por una las células humanas”. Aun así, estas empresas continúan siguiendo un protocolo de examen previo del cuerpo antes de ser criogenizado para asegurar su viabilidad futura. Porque si se quiere revivir a una persona con su conciencia y su personalidad intactas se debe excluir a los pacientes con enfermedades que hayan producido un deterioro del cerebro u otro órgano tan marcado que sea improbable poder revivirlos con tiempo suficiente para que se les aplique una terapia salvadora.
Posteado por Sinuhé. Tejiendo el Mundo.
Extracto del reportage de Iván Rámila, leído en Más Allá de la Ciencia nº240



La criogenización es una alternativa más que se abre al morir

Existen posibilidades de volver a la vida, según el presidente de la Sociedad Española de Criogenización


Desde 1998 existe en España la Sociedad Española de Criogenización, que aglutina a un centenar de personas interesadas en aprovechar las posibilidades de la ciencia para volver a la vida si al fallecer el cuerpo es conservado adecuadamente. Es sólo cuestión de tiempo que la ciencia lo consiga, por lo que aguardar ese momento constituye una esperanza compartida por un centenar de personas en España, que la mantienen en un contexto legal complicado y un entorno cultural reticente a esta posibilidad abierta por la ciencia. Por Eduardo Martínez.


La criogenización es una alternativa más que se abre al morir


Andrés Albarrán Carrasco, 70 años, es desde 2003 el presidente de la Sociedad Española de Criogenización, creada en 1998 al amparo de un programa de televisión sobre la criogenización promovido por Eulalia Castillejos. La finalidad de la Sociedad Española de Criogenización es ayudar a las personas que opten por la criogenización de sus cuerpos después de la muerte, a que puedan conseguir su objetivo en un contexto legal complicado y en un entorno cultural reticente respecto a esta posibilidad abierta por la ciencia.

¿Qué es la criogenización?

Es un sistema de conservación de las estructuras biológicas mediante el frío. Desde antiguo, el ser humano conoce bien las propiedades del fío como medio de conservar los alimentos. Más tarde comprobó que el semen se podría conservar mediante el frío, manteniendo todas sus características organolépticas y sus cualidades. Últimamente ya se sabe que embriones humanos enteros son capaces de crecer y desarrollarse normalmente tras haber estado conservados en nitrógeno líquido, es decir, con procedimientos de criogenización.

¿Criogenización o hibernación?

La “criogenización” es diferente de la “hibernación”. La hibernación es la suspensión temporal de la actividad vital de determinados seres vivos, como la marmota o el Oso Polar, mientras que la “criogenización” consiste en utilizar el frío para preservar las "estructuras de los seres vivos". Se usan agentes parecidos a la glicerina, como el anticongelante de los coches, para evitar que se formen cristales de hielo que rompan las estructuras. Hoy día cada vez son más prefectos e imitan a los naturales que usan los seres invernantes, como por ejemplo los osos. La hibernación, sin embargo, no llega a los grados tan bajos de la criogenización, que tiende a rozar el cero absoluto.

Esta idea, ¿tiene base científica o es una especulación?

Hay ya varios Institutos Norteamericanos, tales como AlcorTrans-TimeCryonics Institute, etc, con personas criogenizadas que tienen investigadores para el estudio de sustancias crioprotectoras. Estas sustancias, de hecho, ya se utilizan para la conservación y transporte de órganos de donantes. Estos investigadores, especialistas en distintas ramas científicas, experimentan continuamente con nuevas técnicas de criogenización. Estos métodos tienen por tanto una buena base científica, y de hecho ya se han dado casos de recuperación en mamíferos superiores que habían sido criogenizados tras su muerte. Se sigue investigando por tanto en esta temática, tanto en crioprotectores como en perfeccionar los métodos de preservación, así como en el estudio de la posible recuperación en el futuro de toda la potencialidad biológica de los cuerpos criogenizados.

¿Cuál es el momento de la criogenización?

El procedimiento de criogenización debe llevarse a cabo inmediatamente después de que una persona haya sido declarada muerta, para evitar así lesiones cerebrales que suceden rápidamente pasados los cinco a diez minutos luego de la muerte. El objetivo es suspender la vida amenazada por una enfermedad incurable hasta tanto se logre obtener la cura a la misma. O suspender las funciones vitales hasta que la ciencia logre hallar la fuente de la eterna juventud o un incremento notable de la longevidad. La práctica de la criopreservación lo que permite es conservar un cuerpo mediante su congelamiento con la finalidad de recuperarlo en el futuro.

¿Recuperarlo después de la muerte clínica?

Legalmente una persona es declarada muerta cuando ha ocurrido muerte cerebral diagnosticada por falta de actividad cerebral evidenciada mediante electroencefalograma. La muerte comienza después del paro cardiorrespiratorio, pero en ese momento muchas células del organismo mantienen todavía su actividad. De hecho preservan sus propiedades vitales , por lo que el propósito de la criopreservación es conservar suspendidas las funciones vitales para revivir a la persona con su conciencia y personalidad intactas en un futuro. En ese supuesto, se habla de pacientes criopreservados en lugar de personas muertas, debido a que no ha llegado a producirse la muerte cerebral.

Birth de Ryan Bliss
Birth de Ryan Bliss
¿Es usted un candidato a la criogenización de su cuerpo?

Desde luego. Mi propósito es disponer en un año de un domicilio alternativo en Estados Unidos, próximo a un centro de criogenización, con la finalidad de vivir allí largas temporadas o períodos de enfermedad para, en caso de fallecimiento, estar cerca de la posibilidad de someter a mi cuerpo al proceso de criogenización.

¿Cree que es una buena opción para usted?

La criogenización es una alternativa más que se abre al morir. Yo creo que la ciencia está muy próxima a conseguir la recuperación de cuerpos fallecidos si son conservados en buen estado. Tan sólo es una cuestión de tiempo. Al morir, las posibilidades del cuerpo son ser enterrado o incinerado. Existe una tercera posibilidad: conservar el cuerpo sometido a muy bajas temperaturas para una eventual recuperación el día de mañana.

Pero no es seguro que eso ocurra...

De hecho las posibilidades de que eso ocurra son, científicamente, casi del 100%. En otras palabras, es un problema que los científicos no dan por solucionado todavía, aunque muchos se declaran convencidos de que la solución está próxima. La ciencia médica del futuro, además de recuperar la vida de pacientes debidamente conservados, podrá curar sus enfermedades y frenar el envejecimiento. Los problemas, más que científicos, son de otro tipo: que la empresa de criogenización se hunda, que un juez ordene una autopsia, que la familia del candidato no le deje criogenizarse, que las leyes cambien desfavorablemente...

Entonces, ¿hay posibilidades razonables?

Existen esas posibilidades, que no se dan si el cuerpo es destruido después de la muerte. La criogenización permite añadir un uno a una serie de ceros y esa es la base de la esperanza. Tan sólo pensar en esa posibilidad al morir justifica el dinero que cuesta. Es como jugar a la lotería. Antes del sorteo, todos pensamos que nos va a tocar el gordo. Esos días de ilusión valen más que el dinero pagado por el décimo. Con la criogenización pasa algo parecido...

¿Es muy cara la criogenización?

Es una posibilidad que no está al alcance de cualquiera. Yo soy funcionario jubilado y empresario y tengo el dinero necesario para esta alternativa, pero también existe la posibilidad de suscribir pólizas que se pagan en cómodas mensualidades. En total hablamos de unos 120.000 euros, aunque los precios varían según los centros. El Cryonics Institute, por ejemplo, es mucho mas barato (28.000 dolares) y según algunos es igual de bueno. Hay que tener en cuenta que parte de ese dinero lo guarda el centro de criogenización para devolvértelo al regresar y no te encuentres sin recursos...

En cualquier caso, la complejidad legal es evidente...

Desde luego. En España no existen centros de criogenización y enviar un cadáver al extranjero es complicado porque hay que embalsamarlo, lo que anula la posibilidad de criogenización. La alternativa es donarlo a la investigación médica, pero tampoco es sencillo. Por eso lo mejor es resolver el papeleo con tiempo y fijar una residencia alternativa en un lugar cercano a un centro de criogenización. Otra posibilidad es obtener licencia para abrir un cementerio en el que, además de inhumar o cremar los cuerpos, se puedan criogenizar, pero no es sencillo.

¿Cuántas personas hay en España con esta mentalidad?

En el entorno de la Sociedad Española de Criogenización hay un centenar de personas. Algunas de ellas incluso han criogenizado los cuerpos de sus seres queridos con la esperanza de recuperarlos el día de mañana...



Entrevista realizada en Madrid el 17 de diciembre 2003 

EL PRIMER CEMENTERIO CRIOGENIZADO DE ESPAÑA




Un grupo cada vez más grande de intelectuales, llamados a sí mismos inmortalistas, no se toman el tema de la inmortalidad a risa. Para ellos, la posibilidad de vivir eternamente –sin apoyarse en creencias o intervenciones sobrenaturales- es tan real como la vida misma. La genealogía actual de los inmortalistas llega hasta los primeros días de la crionización, la práctica de congelar a los muertos esperando poder ser reanimados en un futuro. Embriagados por las recientes promesas de los milagros de la nanotecnología y biotecnología, los inmortalistas conectan hoy fácilmente los puntos entre teoría y práctica. La inmortalidad física no sólo beneficia al individuo. “Cada uno de nosotros lleva un complejo universo de conocimiento, experiencias vitales y relaciones humanas”, dice el investigador en nanotecnología y escritor Robert A. Freitas; “Casi todo este rico tesoro de información se pierde para la humanidad con nuestra muerte”. 
“Los sueños ancestrales de inmortalidad pueden no haber estado equivocados pero dependían más de la fe que de hechos”, dice David Nicholas (autor del artículo “Inmortalidad: la última frontera de la libertad”); “El progreso científico comienza ahora a permitir que la inmortalidad personal se traiga al menos dentro de las fronteras de la especulación práctica”.

La Asociación Iberoamericana de Criopreservación (un grupo de 50 investigadores españoles) tiene como objetivo instalar en Madrid el primer cementerio español dedicado a la criogenización. En dicho cementerio (o como se prefiere; albergue de pacientes, ya que consideran que no trabajan con seres definitivamente muertos”), se conservarían a los cadáveres para poder aprovechar los futuros avances médicos. Es decir, la técnica (en su teoría) es simple: cuando uno fallece por una enfermedad, se le congela y si en un futuro se encuentra la cura a lo que le mató, se le descongela.
El éxito de la criogenización en EEUU (en fecha 2011), es de 50 congelados al año. Y con el anuncio del futuro “albergue” en Madrid, más de un centenar de personas ya están interesadas. El problema es el elevado coste de la técnica (100.000 euros) y que no existe ninguna garantía de que el método funcione correctamente. El plan de este grupo de científicos está perfectamente estudiado: un parque de criopreservación junto a un laboratorio biotécnico. “Es una alternativa más a los servicios funerarios tradicionales”, sostiene Francisco Roldán de 51 años y portavoz de la recién creada Asociación Iberoamericana de Criopreservación.

Aunque por ahora la criogenización sólo se practica en EEUU y Rúsia, esta técnica es analizada por científicos de todo el mundo. “Una vez que se produce la muerte legal, el cerebro sigue enviando impulsos eléctricos durante unos minutos. Es en este tiempo cuando se somete al cuerpo a -196 grados para vitrificarlo”, comenta Roldán. Después, los cadáveres se introducen en cápsulas de acero rellenas de nitrógeno donde pueden conservarse durante más de cien años.
En nuestro país, en el año 1998 nace la Sociedad Española de Criogenización. Desde esta entidad aseguran que “no existe legislación que ampare expresamente el enterramiento de personas en cápsulas de criogenización”. De ahí que este grupo de científicos haya aprovechado el vacío legal que existe en España para continuar con sus proyectos. Sin embargo, ya hay quien éticamente cuestiona esta técnica. La OMC estudiará si esta práctica es éticamente lícita.

La posibilidad reciente de conservar óvulos humanos en frío sin que pierdan ninguno de sus valores vitales es un ejemplo al que se recurre con frecuencia. Y, además, están las enormes expectativas creadas por nuevas ciencias como la nanotecnología, que permiten aventurar que en un futuro muy próximo hasta sería posible la reconstrucción del ADN dañado en el proceso de criopreservación. Sin embargo, sorprende las pocas personas que se apuntan a este tipo de asociaciones. "Existe una especie de depresión progresiva en las personas mayores y un sentimiento de la realidad de la muerte que casi podríamos decir que está instaurado genéticamente. Lo cual les impide pensar en ese tipo de alternativas", dice la web de la SEC. Pero también está el temor al fraude, a que todo sea una inmensa patraña.

No han faltado desde el mundo científico voces críticas en este sentido: "Pensar que la criónica puede reanimar a alguien que ha sido congelado es como creer que puedes retornar la hamburguesa a la vaca", opina el biólogo Arthur Rowe. Aunque tampoco faltan mentes eminentes con mucha fe en la potencialidad de los progresos futuros. Sir Arthur C. Clarke, reconocido autor de ciencia ficción, que ya en 1945 enunció los principios de la comunicación vía satélite, es uno de ellos: "Aunque nadie puede cuantificar las probabilidades de la criónica, yo estimo que son al menos de un 90 por ciento. Y nadie puede asegurar que sean cero". Explica Carlos Mondragón, director de Alcor (Fundación para la Extensión de la Vida); "Sabemos que no hay garantías, que es mera especulación, pero no estamos locos: es una especulación razonable. Yo le daría un 40 por ciento de posibilidades de éxito".

Alcor (EEUU) practica dos modalidades de criopreservación: la suspensión total, que conserva el cuerpo entero, y la neurosuspensión, que consiste en guardar sólo la cabeza una vez separada quirúrgicamente del cuerpo. "Los pacientes que escogen esta modalidad - explica Mondragón- están convencidos de que su identidad, su memoria, lo que ellos son o representan, está en el cerebro. Además, en el futuro la medicina dominará esta técnica de tal forma que será más fácil proporcionar un cuerpo nuevo a un paciente que reparar los estragos de la edad". 

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Contenedor criogéntico de ALCOR (EEUU)
El matemático estadounidense Thomas Donaldson, por ejemplo, optó por conservar sólo la cabeza (el precio se reduce casi a la mitad). Y con 46 años y ante el inminente riesgo de muerte que suponía el tumor cerebral que padecía, pidió permiso judicial para que su cerebro fuese preservado por medio de la congelación o suspensión criónica y revivido cuando la ciencia médica descubra una cura eficaz contra su mal.
El uso de la tecnología para mejorar radicalmente a los seres humanos forma parte de lo que se ha dado en llamar transhumanismo; Una sopa filosófica en la que se encuentran vertientes tecnófilas como los extropianos de David Ross, que buscan descargar mentes en computadoras mediante el mind uploading (que no sería más que hacer una copia de seguridad de la información contenida en nuestro cerebro, para volverla a cargar en un nuevo cerebro biológico o robótico).
Hay ya varios Institutos Norteamericanos, tales como Alcor, Trans-Time, Cryonics Institute, etc, con personas criogenizadas que tienen investigadores para el estudio de sustancias crioprotectoras. Estas sustancias, de hecho, ya se utilizan para la conservación y transporte de órganos de donantes. Estos investigadores, especialistas en distintas ramas científicas, experimentan continuamente con nuevas técnicas de criogenización. Estos métodos tienen por tanto una buena base científica, y de hecho ya se han dado casos de recuperación en mamíferos superiores que habían sido criogenizados tras su muerte. Se sigue investigando por tanto en esta temática, tanto en crioprotectores como en perfeccionar los métodos de preservación, así como en el estudio de la posible recuperación en el futuro de toda la potencialidad biológica de los cuerpos criogenizados.

En cuanto a los costes, existe la posibilidad de suscribir pólizas que se pagan en cómodas mensualidades. En total hablamos de unos 120.000 euros, aunque los precios varían según los centros. El Cryonics Institute, por ejemplo, es mucho más barato (28.000 dolares) y según algunos es igual de bueno. Hay que tener en cuenta que parte de ese dinero lo guarda el centro de criogenización para devolvértelo al regresar y no te encuentres sin recursos...

Para los que se lo toman a broma, como dato destacar que un grupo de científicos alemanes, apoyados por una amplia red de zoológicos europeos, ha creado un banco para el almacenamiento congelado de la herencia genética de los animales, destinado a salvaguardar la biodiversidad cuando numerosas especies se encuentran amenazadas de extinción. El director del proyecto, el profesor Charli Kruse, subrayó que el material genético crionizado, congelado a muy bajas temperaturas, se conserva durante siglos y será una valiosa reserva para generaciones futuras.
Seguro que muchos nos preguntamos si será lícito en el futuro, criogenizar personas vivas; es decir, trampear la muerte. Esto podría ser conveniente en enfermos a los que se les aplica una eutanasia. También es posible que personas en principio reticentes a morir vean una oportunidad de vivir en un futuro presumiblemente mejor y prefieran congelarse en vida. Quizá no sea tan extraño… ¿Acaso cuando viajemos en naves no nos congelaremos durante las travesías?

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